Encontramos un pueblito plagado de casitas de madera conservadas desde el siglo XVII cuando la ciudad era un puerto central para el comercio de especias del Sudeste Asiatico con China, Japon y Europa. Algunas casas siguen albergando a las mismas familias despues de ocho generaciones. Otras se transformaron en negocios de souvenirs para el turismo pero aun mantienen la fachada. Hoy Hoi An es visitada tambien por sus sastres que confeccionan ropa a medida a precios ridiculos para los europeos o americanos. Por todos lados se encuentran negocios de ropa con los mismos disenos una y otra vez.
A pesar del paso del turismo, de las inundaciones sufridas cada septiembre y de estar muy cerca de la Zona Desmilitarizada (devastada durante la guerra), la ciudad se mantiene entera y transmite un clima de autenticidad que le reclamabamos a Saigon.


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